-Tras haber realizado el estudio, ¿cuáles son sus percepciones personales de cara al curso 2020-2021?

Realmente el estudio nos transmite dos sensaciones en distinto grado. La primera es una profunda preocupación por el futuro: por un lado, la comunidad educativa muestra inquietud, lógicamente, por el riesgo de contagio de la COVID-19 al mismo tiempo que existe bastante desasosiego porque la comunidad ha visto cómo pasaban los días sin que se dispusieran los planes, los medios y los recursos para planificar el curso 2020-2021 adecuadamente.

Por otro lado, la segunda sensación es un cierto aire de esperanza de que esto sirva para cuestiones pendientes en nuestro sistema educativo, como la mejora en inversión e infraestructuras, la disminución de la ratio o la reforma curricular, cuestiones en las cuales parece haber un consenso claro entre familias, estudiantes y docentes. Sin embargo, ambas sensaciones son inversamente proporcionales: a medida que aumenta la preocupación, disminuye la esperanza.

-¿Cómo pueden garantizar Gobierno y CCAA el cumplimiento de las medidas sanitarias y educativas en todos los centros de cara al curso 2020-2021?

En primer lugar, son las comunidades autónomas quienes deben asumir la responsabilidad plena sobre las condiciones sanitarias y educativas de los centros el próximo curso. Esto significa no escudarse tras una falsa autonomía de los centros: los centros no cuentan en este momento ni con el conocimiento ni con los recursos necesarios para garantizar el cumplimiento de las medidas higiénicas y sanitarias necesarias para evitar el contagio o la transmisión de la enfermedad al mismo tiempo que se ofrece una docencia de calidad para todo el alumnado.

En este sentido, es absolutamente necesario abordar al menos tres problemas encadenados y un efecto colateral: en primer lugar, la distancia física entre estudiantes y la gestión del espacio considerando las medidas higiénicas y sanitarias pertinentes; en segundo lugar, la organización presencial y a distancia del aprendizaje; en tercer lugar, la necesidad de digitalización del hogar de todo el alumnado, para lo cual es necesaria una intervención contundente que garantice el derecho a la educación también en una situación de aprendizaje a distancia. Finalmente, el “efecto colateral” es el problema de la conciliación familiar y laboral que genera la posibilidad de horarios y modalidades de aprendizaje semipresencial o a distancia.

-¿Qué impacto social y de humanización puede tener la educación semipresencial? ¿Necesitaremos de nuevo la educación a distancia? ¿Seremos capaces de implementarla? A nivel tecnológico, ¿qué beneficios aportará?

Epidemiólogos y virólogos no cesan de advertir acerca de la posibilidad de rebrotes el próximo otoño mientras que los científicos ven difícil que dispongamos de una vacuna antes del año 2021, como muy pronto. Dadas estas circunstancias, la escuela tiene dos responsabilidades: no convertirse en un foco de contagios y transmisión de la enfermedad y garantizar una educación de calidad para todo el alumnado. Para ello el aprendizaje semipresencial puede ser una solución intermedia entre el deseo de la comunidad educativa de mantener el contacto presencial ente estudiantes y docentes, manifestado con mucha claridad en nuestro estudio, y la obligación de minimizar los riesgos de contagio.

Para ello, lógicamente, es necesario replantear los horarios, gestionar adecuadamente las plantillas de profesorado, reconsiderar el currículo (es decir, qué enseñar y cómo aprenderlo) y, por supuesto, analizar las necesidades tecnológicas de las familias, tanto en conexiones como en dispositivos. Si lo hacemos bien, podemos mantener la socialización del alumnado, que es fundamental para su desarrollo, y también aspirar a aumentar su autonomía y la autogestión del aprendizaje en un contexto semipresencial.

-¿Qué medidas podrían implantarse por parte de las empresas y el entorno educativo para contribuir a la corresponsabilidad familiar y laboral?

Una de las conclusiones del efecto de la pandemia en la sociedad debería ser asumir que los centros educativos tienen un papel fundamental que jugar pero que la Educación es responsabilidad de todos. Si queremos dar una respuesta adecuada al reto del próximo año, es necesario que exista un compromiso no solo por parte del gobierno central y las comunidades autónomas, sino también por parte de los ayuntamientos y otras instancias de la administración pública (diputaciones, mancomunidades, etc.), la empresa privada y las instituciones del tercer sector.

Sin ese gran acuerdo en el ámbito local, autonómico y nacional, habrá cuestiones como la conciliación familiar y laboral que tendrán difícil solución, porque se buscará a la escuela como único mecanismo de respuesta cuando ésta no tiene actualmente los recursos para actuar frente a un problema que es social. Entre otras cuestiones, será necesario buscar y gestionar espacios alternativos para el aprendizaje y el ocio más allá del hogar y la escuela y esto solo es posible poniendo en funcionamiento todos los recursos locales para atender, entre todos, a nuestros hijos e hijas.

-Como docente, ¿hacia dónde cree que se dirige el futuro de la educación tras la pandemia? ¿Cuáles van a ser los próximos pilares educativos?

Me gustaría pensar que esto puede ser un punto de inflexión para una escuela que sea capaz de conjugar socialización con aprendizaje personalizado utilizando para ello tanto los recursos de la presencialidad como el apoyo de la tecnología, es decir, una educación que finalmente consiga ofrecer calidad y equidad a todo su alumnado, más allá de la procedencia, las características y las capacidades de cada uno. Sin embargo, en términos históricos creo que este tiempo que vivimos solo será un hito más que no tendrá una trascendencia transformadora en Educación. Al menos hasta este momento no se observa el movimiento de fuerzas necesario para esa transformación.

-¿Retomará este estudio a medida que avance el nuevo curso para seguir extrayendo conclusiones de la nueva normalidad educativa?

Esa es nuestra intención siempre que contemos con instituciones que apoyen una investigación como esta. Sin datos, no podemos aspirar a controlar la situación y caminaremos a ciegas, o incluso contrasentido. Es necesario hacer investigación y además una investigación centrada en las personas, que permita oír la voz de la comunidad educativa, pues son los auténticos agentes del sistema educativo. Sin conocer la opinión del profesorado, las familias y los estudiantes, no podemos avanzar ni transformar la realidad.